Mi plan de trabajo 2023 necesita colaboraciones. No sé aun en qué… (pero intuyo).

Solía tener un pizarrón en mi estudio anterior, pero ahora yo no lo tengo así que se me ocurrió usar el piso. Tiene sentido caminar el plan, sentir lo que es liviano y lo que no. Ahí donde cuesta estar, donde el paso pesa, es donde hace falta ayuda, cambio o algún movimiento.

Rediseño desde el sentir. Un método no tradicional de gestión.

Este plan lleva algunos meses armándose. En el proceso, si bien pienso sobre lo que me gustaría hacer, mas que todo siento lo que está disponible para ir haciendo… me enraizo y me dejo guiar —o atraer hacia lo más posible y hacia el lugar en donde mi mayor potencial se manifiesta (esto lo expliqué en el taller del solsticio 21/12/22). Cada elección cambia las potencialidades, así que hay que aceptar el devenir como cambiante. Cada plan se cumple solo en parte y el resto, sorprende.

Varios años atrás tuve esta experiencia de caminar sobre las opciones posibles. Desde mi idea mental de lo que quería nunca hubiera elegido lo que mi cuerpo, desde las sensaciones, me mostró como lo más poderoso. Desde entonces hago doble check mente-cuerpo cuando tengo que definir lo importante.

De todos modos, llega un momento en el que hay que bajar a tierra, ordenar, planificar y hacerlo concreto en hitos y tareas. Tener una vivencia consciente de expansividad y conexión no nos evitar continuar siendo humanos 3D que viven en el tiempo lineal y en la realidad mundana.

Enraizar es traer los planes, deseos y diseños mentales a la materialidad, a lo tangible. Ver los qué, cómo, cuando que llevan a la concreción. Entonces, el plan de trabajo 2023 está escrito hace un par de semanas con detalle de lo que hay que producir y cómo, qué se requiere de preproducción y de comunicación, cómo se enlazan los contenidos y demás. El plan debiera funcionar como un contenedor, una estructura sobre la cual apoyarse y no pensar tanto, sino dejarse llevar. Una estructura fluida permite relajarse sobre ella (eso lo aprendí en los retiros zen), un estructura rígida termina aplastado. Sin estructura que contenga, no hay concreción: el agua sin cauce se derrama.

Pero mi plan no me estaba dando eso, sino mas bien angustia y ansiedad, y después de varios días de intentar ignorar esas sensaciones, me acuerdo de volver al foco. Antes de explicar eso, me quedo con esta reflexión: el ego, por mas entrenada que esté nuestra mente, siempre intenta evitar lo incómodo, no ver lo evidente. Y los despertares se nos olvidan, las comprensiones se nos olvidan, por ello necesitamos las prácticas y las guías, para recordarnos aquello que el ego intenta pasar por encima.

Me quedo en las sensaciones, ese es el foco, ahí está la información que devela y destraba al conflicto.

Ansiedad, porque quiero controlar lo incontrolable y asegurarme de que voy a poder, de que va a ser posible, de que sucederá. Quiero definir cosas antes de que lo que precede suceda. (Pensamiento anticipatorio, suena familiar?)

Angustia, porque de alguna manera comprendo que esta elección y este accionar me van a transformar entonces esta que soy hoy, se va a desintegrar (algo que la mente identificada interpreta como muerte, por lo tanto, miedo).

Lo que estas emociones me están diciendo también es que este plan es, de alguna manera, demasiado para mi (para mi sola, tal vez), me pesa, me desestabiliza, en vez de darme lo opuesto que sería su sentido primordial. Eso no significa que hay desecharlo por completo, sino observarlo, mover piezas, encontrar lo que causa esa postura forzada.

Y entonces llegamos al piso. Plasmarlo para poder caminarlo, sentirme en la inestabilidad o lo contario en cada elemento. La mente identificada (la del ego) no puede descubrir esos detalles porque está demasiado preocupada en controlar y evitarse la muerte. Va a forzar el éxito desde la imagen. Yo ya sé, por experiencia, que no eso funciona.

Hay valentía en la decisión de encontrar las fallas… que no son tales sino que son esos (sub)diseños en los que mi mente se escapa más allá del cuerpo e idealiza, crea olvidándose de la realidad material, o sea de mi capacidad física y de tiempo para hacer cosas, de mis conocimientos y habilidades. Mi ego cree que yo lo puedo todo. El resto de mi ser se ríe de eso, cuando se da cuenta.

El plan no tiene un objetivo concreto más que suceder. No observo objetivo lineales (logros de ventas, practicantes o seguidores) sino que mi intención siempre es la coherencia y cohesión de la propuesta, la atención y consciencia son más importante que la ganancia. Transitar el dar con consistencia y sustento es el logro.

Por eso tiene sentido sentir y rediseñar hasta que el plan que sostenga en vez de agobiar.

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