Tiempo de observar lo que deseamos favorecer para que crezca y lo que necesitamos podar para que no invada.


La primavera es el reinicio del ciclo energético de la tierra y de la vida. La primavera trae renacimiento, vitalidad y poder de creación. Los brotes comienzan a aparecer junto con nuevas perspectivas con vista al sol, a la luz, luego del largo invierno, momento en el que la energía se almacena y regenera.

En medicina china, la primavera se corresponde con el elemento madera, la flexibilidad y creatividad. Esas facultades fluyen naturalmente cuando esta energía se encuentra en armonía en nuestro cuerpo. Por el contrario, el fastidio, la indecisión, el enojo exacerbado, la intolerancia y la tendencia a intoxicarnos con lo que consumimos (alimentos, bebidas, relaciones, lugares, noticias, información…) son manifestaciones de la desarmonía.

Este es un buen momento para observar y elegir conscientemente qué deseamos nutrir y con qué intención. No es lo mismo favorecer el crecimiento de lo amoroso y expresivo desde el corazón, que favorecer lo destructivo desde la palabra y el odio, por dar un ejemplo. Ambas manifestaciones crecen, una desde la vida, la otra con finalidad de muerte.

En ese sentido, la primavera y la madera, como elemento simbólico, nos invitan a reconocer los límites: aquellos que deseamos poner y no hacemos, aquellos que sentimos que nos restringen, aquellos que nos invaden ¿Cuáles son límites sanos y conducentes? ¿Cuáles son angustiantes?

Los límites son una negociación. Cuando esa negociación no existe, invadimos espacios ajenos o son invadidos los propios y ¡comienza la batalla! Son espacios físicos, corporales, pero también emocionales y de pensamientos, las ideologías y creencias. ¿Cuán invasivas e intolerantes somos a partir de nuestras ideas rígidas que deseamos imponer en lo cotidiano?

Las ideas que se negocian construyen mundos más reales y amplios, que brindan beneficios a la totalidad. Los límites, creados desde el amor hacia una misma, facilitan todos los vínculos y sostienen espacios sanos. La indecisión, cuando se apoya en la consciencia clara, se convierte en certeza y valentía para elegir lo que realmente deseamos. El enojo y la rabia encauzadas hacia lo creativo son las fuerzas que nos abren nuevos caminos, nuevas formas de hacer.

Es tiempo de ver las raíces de lo que estamos plantando. ¿Las regamos con amor y apertura, tolerancia y respeto, o con soberbia destructiva hacia todo aquello que no coincide conmigo? ¡Atención! No te conviertas en una enredadera invasiva y peligrosa.


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(No requiere conocimientos ni experiencia previa en movimiento consciente o qigong.)


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