Tenemos una relación ambigua con el orden: algunas personas aman el orden y no toleran nada fuera de ello; otras personas resisten el orden por considerarlo rígido e impuesto desde afuera.

“Orden” significa un funcionamiento o disposición de algo, con armonía y coherencia entre las partes, que se encuentra relacionado con un patrón o modelo de base que sirve de referencia.

En el trabajo corporal siempre hay un orden, porque el cuerpo es tangible y está conformado por partes que se debieran relacionar entre sí de manera armónica. El orden corporal es primeramente la verticalidad y nuestro apoyo en tierra. Luego la disposición de huesos y músculos con el menor esfuerzo para sostener la postura. A partir de eso, hacia dentro, órganos, glándulas y membranas que encuentran el espacio adecuado para funcionar y líneas de circulación de sangre, linfa en información que recorren el cuerpo completo con fluidez.

Ese es el modelo que miramos como referencia, pero es imposible que las personas nos ajustemos estrictamente al mismo, como si fuéramos una lámina de anatomía, y eso se debe a que, además de un cuerpo tenemos una historia: vivencias, emociones, conductas, pensamientos… expresados o reprimidos.

Es la historia personal la que moldea el cuerpo y en gran medida lo desordena, convirtiéndonos, a cada uno de nosotros, en un cuerpo particular.

Entonces, es interesante ver al orden como una base que puede ser ajustada por particularidades, y a partir de eso podemos comprender que el orden se crea, se siente, se experimenta y cuando eso sucede, el orden libera.

Estamos habituados a recibir órdenes externos en vez de crearlos desde nuestra sensitividad y percepción, lo que solo es posible entrando a nuestros cuerpos desordenados, contactando con lo que hay allí y progresivamente resolviendo la tensión, la desalineación y separación de las distintas partes de nuestro todo, regresando nuevamente a ser una totalidad.

Un cuerpo alineado, en correcto estado de tensión sin esfuerzos y con espacio para funcionar creativamente, es un cuerpo ordenado. Ese orden corporal da intuitivamente la confianza necesaria para entregarse y soltar el control, porque sabemos que hay una base fundamental que sostiene, que habilita.

En todos los ámbitos de nuestra vida podemos pensar el orden de la misma manera: rígido o liberador. La agenda cotidiana que nos esclaviza o sobre la cual nos apoyamos para no pensar tanto. La rutina diaria como algo que se resiste y rechaza o como la posibilidad de no gestionar cada día las mismas cosas. El uniforme, como esa ropa odiosa y monótona, o como la posibilidad de no decidir que ponerse cada día.

El orden que se “eterniza” sin cambios se rompe. A medida que la vida nos sucede, los ordenes cambian, nos desordenamos y volvemos ordenar, cada vez de una forma nueva, solo que no nos damos cuenta, porque lo hacemos en un proceso sin consciencia. Si empezamos a sentir y a crear el orden que tiene base y también sentido individual, desde dentro hacia fuera, los procesos de cambio empiezan a ser conscientes, voluntarios y más coherentes.

Y como el orden que libera es una sensación, honesta y concreta, ¿cómo podemos saber si nuestras acciones (y nuestra práctica) nos están llevando hacia liberación o hacia exigencia?

Registremos sensaciones relacionadas con el orden liberador: apertura, alivio, expansión, comodidad, espacio, aire, disposición, presencia…

Registremos ahora sensaciones relacionadas con el orden exigente: limitaciones, angustia, impotencia, frustración, rechazo, huida, dolor…

Entonces sabemos hacia donde ir… Y no es el pensamiento el que nos va a dar la pauta o la respuesta, es el cuerpo. Ser conscientes, experimentar, sentir de manera honesta, no manipulada y hacer caso a las indicaciones que emergen de esas experiencias sentidas de las que brota información, no siempre aceptada por nuestra mente lineal, pero verdadera y coherente con nuestra mente-corazón.

El desorden nos invita a pensar, a gestionar y a contrarrestar efectos todo el tiempo. El orden, por el contrario, nos lleva a sentir y entrar profundamente en el aquí ahora, y eso es tan vertiginoso y tenebroso para muchas personas, que prefieren el desorden por encima de posibilidad de libertad.


Este es un artículo relacionado con el contenido teórico del curso “RELAJACIÓN CONSCIENTE” en el cual me interesaba abrir un poco más el concepto de orden.

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