Tengo un problema menos que muchas mujeres en cuarentena: no me tiño el pelo así que mis canas no me están significando nada nuevo en estos momentos. Entiendo que a muchas mujeres sí.

El pelo blanco es tan real como otras cosas que se dejan ver por estos días de quietud y aislamiento: cotidianas, como el agotamiento a estar encerrados, la necesidad de trabajar o de estar con seres queridos; o más contundentes, como vínculos y relaciones que ya sabíamos no daban para más, pero ahora eso es muy palpable, inconsistencias financieras y deudas que estaban ahí pero ahora pesan más, o renuncias que estaban pendientes y pareciera que ahora son inevitables.

La cuarentena nos está trayendo todo lo que estaba oculto, negado, dejado de lado con intención de no ser visto. Inevitablemente, en la continuidad de la quietud introspectiva, todas las mascaras caen, los cortinajes que cubrían lo que no deseábamos ver, se desintegran.

En un retiro budista de varios días el momento más difícil es el del medio: los primeros días uno sigue resistente y armado en su negación, pero a medida que avanzan los días, todo cae y no queda otra que encontrarse con el tal cual es. Esos días son complejos, pero si se atraviesan con compasión y voluntad de reconciliación y elección consciente, se llega al final: los últimos dos o tres días donde se encuentra una dicha anclada en la presencia alivianada, más ligera de nuestro ser.

Esta es una gran oportunidad para ver, para reconciliar – que no significa amigarse a todo, sino revincularse conscientemente con la realidad como es –, y tal vez para plantearse nuevas formas de hacer, de ser, de estar.

Es la gran oportunidad de dejar el pelo blanco tal cual es, dejar de ocultarlo y ocultártelo y reconciliarte con lo que eres, con amor completo hacia ti. Por supuesto esta metáfora vale para cuantas cosas más que necesitan atención en tu vida.

Y si de todos modos, cuando termine la cuarentena, corres a la peluquería y te tiñes, ten presente que debajo de esa tintura, el pelo blanco sigue estando allí… No lo ves y te lo olvidas, hasta que una nueva situación te pone de cara a tus pendientes y  la vida te propone, nuevamente, que mires allí donde no estás queriendo mirar.

Es que la vida no se cansa de presentarnos oportunidades, hasta que el pelo blanco es todo blanco y se acaba el tiempo.

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1 comentario

Natalia · 3 mayo 2020 a las 00:56

Trabajar en mi Interior

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