¿Eres consciente de todo lo que rechazas? ¿Te das cuenta cuando intentas evitar ver, sentir o pensar cosas que ya están ahí, existiendo?

Gran parte de nuestra vida fluye guiada por de rechazo (la otra parte fluye guiada por la ilusión y el deseo, pero eso será otro posteo). Tenemos esta gran idea en nuestra mente sobre cómo deberían ser las cosas, qué deberíamos sentir, querer y cuáles son los resultados esperados. Es como un pensamiento maestro, compuesto por pensamientos más pequeños, que fuimos construyendo a través de los años y en algún momento se hizo rígido. Todo lo que no encaja con esa idea de cómo deberían ser las cosas es automáticamente rechazado por cada uno de nosotros, en su particular vida.

Tal vez no te gusta sentir determinadas emociones, o te dijeron que son incorrectas, como la tristeza, el enojo, el miedo. Tal vez no te gustaría sentir deseo en situaciones en las que los prejuicios prevalecen. Tal vez rechazas tus pensamientos negativos, pesimistas, de odio o rencor porque deberías ser una persona buena. Lo más probable es que sobre una parte de tu vida estés disconforme (quién no lo está?) y te angustie o te de vergüenza, y entonces rechazas ambas cosas.

La gran idea de cómo debería ser nuestra vida obstaculiza la vida en sí misma. El rechazo a la vida tal cual es, en los pequeños fragmentos internos de emociones, sensaciones e ideas, la limita y empobrece.

Difícil es comprender, en un nivel cuerpo-mente y no solo cognitivo, que solo tomándolo todo nos volvemos completos. Eso implica dejar de rechazar todo lo que rechazas.

La pregunta es ¿eres consciente de todo lo que rechazas sobre ti misma/o? La gran idea de cómo debería ser nuestra vida tiene tanto poder que automatiza el rechazo. Cuanto más rígida y poderosa es esa idea, menos posibilidades tenemos de ver lo que emerge, sino que más bien, todo lo que no encaja es rechazado apenas aparece en el momento presente.

El arte del no rechazo implica darle una oportunidad a lo que emerge antes de descartarlo como erróneo o peligroso. Salir del automatismo, ¿cómo es posible? Desmantelando, voluntaria y continuamente la idea que tenemos sobre la vida y abriéndonos a vivirla tal como se presenta. Solo entonces podemos observar lo que emerge en nuestro interior, en nuestras circunstancias, experimentarlo y luego tomarlo, más allá del resultado.

De ninguna manera esto significa aceptarlo todo. Nuestra mente dual nos dice “si no rechazo, acepto”. No es así. Intentemos encontrar un lugar en donde lo que está vivo pueda existir, por unos breves momentos, sin ser juzgado. Esta es la difícil tarea que enseñó el Buda y es el camino hacia la ecuanimidad.

No hay mucho más para explicar, porque ya la mente sobre-interpreta. Solo resta comprender que la vida se vive, no se piensa, y mientras está condicionada por nuestra pequeña mente, siempre resulta insatisfactoria. Por el contrario, la apertura a la vida tal cual es, con sus maravillas, dificultades, desafíos y subibajas, permite que ésta se manifieste completa y entonces, nos llena.


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