Lo más fácil es quedarse sumido en la tormenta, dejándose arrastrar por lo que sea que esté sucediendo.

¿Qué podemos hacer en tiempos difíciles? Cuando las circunstancias de la vida –individuales o colectivas– nos sacuden… cuando la tormenta de quejas, disconformidades, resistencias y sufrimiento se crea en nuestro presente, podemos elegir: quedarnos ahí y dejarnos llevar, o volver al orden.

Es a través de compromiso y de la responsabilidad para con la propia vida que empezamos a conocer y a crear un espacio interno en donde la elección consciente es posible. Si, este aquí y ahora es complejo, es incomodo y difícil: ¿qué eliges? ¿cerrarte por miedo al dolor, acorazarte por si todo empeora y caen piedras del cielo; o volver al orden al que sabes que voluntariamente puedes regresar y crear apertura hacia la totalidad de tu vida?

Cuando te cierras, te sobre-proteges al punto de aislarte, desaparece la compasión y tu forma de ver la vida se restringe a la posibilidad de daño. Cuando crees que solo es posible que te dañen, levantas las murallas, te defiendes de todo y de todos.

Paradójicamente, en la apertura completa hacia la vida, no hay daño posible. Pero no puedes creerme, resulta demasiado inverosímil. Solo puedes animarte a experimentarlo… cuando te sea posible.

Si lo comprendes y tienes recursos para crear apertura, no permitas que la tormenta de las complicaciones, propias y/o ajenas, te atrape. Haz el trabajo de ordenarte. Ya sabes la vida que quieres crear, sabes que la armonía emerge de tu interior, nadie te la va a dar. Ya has experimentado la sensación de correspondencia con tu verdadero deseo de manifestación: vuelve ahí. No hay excusas: hazte el tiempo, el lugar, solicita ayuda si necesitas y re-abre tu corazón a la vida.

No hay errores en cerrarse, en reaccionar desde el miedo o la defensa. Eso no representa ningún problema cuando lo puedes ver y volitivamente trabajas en regresar a la apertura. En ese espacio más vasto hay perspectiva, ves todo con mayor claridad, amplitud. Tus aferramientos, tan consistentes en la cerrazón, pierden fuerza. Lo incomprensible, se comprende y lo que parecía no tener solución, se arregla, a veces incluso sin intervención!

Cuando la tormenta nos sacude, nos empapa y apedrea, reaccionamos protegiéndonos, y luego, buscamos un refugio. Nuestro refugio es la práctica (bien común en el budismo hablar de la práctica como un refugio), pero no solo meditación… la que sea tu práctica es suficiente refugio, mientras sea consciente y creadora de apertura para reconectar con la totalidad de tu vida.

No la desaproveches. Usa tus recursos. Si sabes salir de la tormenta y te quedas ahí, sufriendo, hazte cargo. Tú eliges.

(Si no sabes salir de la tormenta, pide ayuda, aprende cómo. También ahí, tú eliges).


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